DE ESCRITORES Y LEYENDAS

1 04 2009

Cada escritor es más que un mito, mucho más que un constructor de leyendas.





Terror mediático

22 03 2009

Inducir terror es una forma de terrorismo, y para eso bastan las palabras





LETRAS INDEPENDIENTES

22 04 2008
¿Por qué autopublicar? No sólo por las restricciones presupuestales o mercadológicas propias o de editores reconocidos. No nada más como una reacción a la censura y a los criterios editoriales de algunos cretinos. No exclusivamente por aventurar en la procelosa mar literaria, abordo de un humilde cayuco y con disposición a enfrentar la defensa territorial de los grandes galeones de experimentado velamen. No, tampoco, por irredento e irreverente desafío a la competitiva piratería siempre ávida de naves distraídas (indefensas), ingenuas, prostituibles. Y menos -más sería pecar de soberbia-, sobre todo, por seguir la estela de alguna estrella fugaz caída más allá del horizonte.




APRENDER A PERDONAR

30 04 2007

Por J. Antonio Castillo de la Vega

(Texto publicado originalmente en marzo de 2007.)

Sólo un breviario cultural, sin afán de presunción: no se piden disculpas, se ofrecen.

Curando en salud

Cuando yo te ofendo, te ofrezco o doy disculpas; te pido perdón, a lo cual tú respondes dando disculpas, perdonando. Dis/culpa = menos culpa.

Cuando me das una disculpa me restas culpa, por eso te perdono, porque a mí, el ofendido, me eximes de toda culpabilidad en tu acto torpe.

En cambio, de ser yo el culpable de algo en tu perjuicio, cuando te ofrezco disculpas por la afectación en tus bienes o tu persona, te proveo con la actitud noble y benefactora del arrepentimiento sincero y espero, con tu beneplácito, retribución de tu parte, ser exonerado de la culpa y liberado de la carga moral, de la obligación y la responsabilidad sobre lo hecho con torpeza.

Disemina esta explicación y verás que cada vez más gente hablará y escribirá mejor; y de paso comenzará a aprender a perdonar.

A decir verdad…

La profesión de la verdad es muy distinta de la profesión de la fe. No son mutuamente excluyentes en lo esencial, pero sustancialmente y en la práctica resultan irreconciliables.

Quien profesa la verdad, busca la prueba fehaciente de la existencia de las cosas, es decir que apunta al descubrimiento de la relación entre el ser y el estar de los entes, lo que del Ser hay en ellos, en su estancia espacio-temporal. Por tanto, jura la razón de las cosas.

Quien profesa la fe, en cambio, busca confirmar su percepción, aquella sobre la que descansa su creencia acerca de las potenciales causas (no las actuales) de los entes. De este modo, en la expresión de sus deseos más que de sus pensamientos, abjura la razón de las cosas.